Londres

El escritor Samuel Johnson (1709-84) decía que “cuando un hombre está cansado de Londres, está cansado de la vida, pues en Londres se encuentra todo lo que la vida puede ofrecer”. Tal vez esa frase no sea rigurosamente cierta ni entonces ni menos aún hoy, pero lo que sí es verdad es que no hay ninguna otra ciudad en el mundo que pueda ofrecer todo lo que Londres ofrece.

London

Sería ingenuo pretender dedicarle un único post a Londres en esta suerte de serie dedicada a destinos turísticos con regusto literario. Londres tiene sustancia para mil y un blogs, y si tratan sobre literatura, ya ni os cuento. Pero como la imposibilidad de alcanzar la perfección no debería suponer un obstáculo para desarrollar nuestras creaciones –sentencia que predico con fariseica incoherencia-, vamos allá y hablemos sobre Londres. Sobre algunas de sus caras, al menos.

Tiene una cosa la capital británica que bien haríais en anotar: es una ciudad de más de una visita. Si ya habéis ido, ventaja que tenéis. El primer viaje a Londres es el del Palacio de Buckingham, el de Picadilly, las Houses of the Parliament, la Torre y el British Museum. Muy bien, ésas eran las visitas obligadas. Ahora reservad un vuelo a Londres (los hay muy baratitos) y lanzaros a conocer sus múltiples rostros.

Con más de ocho millones de habitantes y una superficie de 1.570 kilómetros cuadrados –lo que vendría a ser más o menos un círculo de 50 kilómetros de diámetro-,  es natural que haya un Londres para cada persona y para cada gusto: el popular, transgresor y un punto macarra como el que se puede vivir en Camden, cuna de movimientos culturales tan dispares como el punk-rock o la escuela pictórica prerrafaelita; el glamuroso –o directamente pijo-, con su centro en los barrios hermanos de Kensington y Chelsea, donde se encuentran las embajadas, los anticuarios, las boutiques y el pintoresco Notting Hill; el bohemio, que se encuentra disperso por toda la urbe pero que encuentra en el West End uno de sus puntos neurálgicos; el “multikulti”, preferiblemente hacia la orilla sur del Támesis, como en el barrio jamaicano de Brixton, donde podemos acompañar una cena de comida eritrea con la clásica pinta mientras escuchamos reagge… Pero, de todos, yo me voy a quedar con el “Londres Literario”, que para eso este blog se llama como se llama y yo me dedico a lo que me dedico.

Desde que en el siglo XIV Geoffrey Chaucer situara sus Cuentos de Canterbury en Londres, la ciudad ha sido escenario de innumerables obras. En sentido literal: innumerables. Teniendo en cuenta que el XIX fue a la vez el Gran Siglo de la Novela y el Siglo Británico, es fácil de comprender que sea virtualmente imposible enumerar todas y cada unas de las historias escritas que transcurren en Londres. Algunos lugares con notable regusto literario son bien conocidos: el Museo de Dickens en Camden, el reconstruido teatro The Globe, réplica del original de los tiempos de Shakespeare levantado en su emplazamiento original en el barrio de Southwark, o la casa del 221B de Baker Street, hogar del archiconocido investigador Sherlock Holmes. Claro que esos lugares están repletos de turistas, lo que convierte la visita en una experiencia algo ordinaria. Más discretos (relativamente) pero no menos dignos son la estatua de Peter Pan en los Kensington Gardens, la casa-museo del poeta John Keats en Hampstead, o algunas emblemáticas librerías como Atlantis o Foyles, en Charing Cross. En el barrio de Whitechapel, en el centro-este de la ciudad, se puede realizar una ruta por las lúgubres callejuelas por las que el enigmático Jack el Destripador dio rienda suelta a sus sanguinarios instintos hace ahora 126 años. No es en rigor una excursión literaria, pero como el personaje ha llegado a convertirse en un icono de la cultura pop y un importante referente inspirativo de la ficción contemporánea, lo incluimos en esta categoría. Aunque para vivir una experiencia de verdad inolvidable y rebosante de atmósfera literaria, nada mejor que reservar una entrada en el Saint Martin’s Theatre para La Ratonera (The Mousetrap) de Agatha Christie, que lleva ininterrumpidamente en escena desde 1952 (sí, como lo oís).

Apenas hemos citado un puñado de lugares, obras o autores que le hayan dado a la capital británica ese inequívoco literary vibe, y es que hacer una exhaustiva guía sobre el Londres Literario escapa a mis limitadas y humanas posibilidades. La ciudad está repleta de calles y casas con plaquitas conmemorativas –“Aquí vivió Fulano”, “Este pub aparece citado en la famosa obra de Mengano…”-, monumentos y parques en cuyos rincones el oído entrenado puede escuchar, si se lo propone, el canto de las musas que inspiraron a legiones de escritores desde Shakespeare hasta J.K. Rowling. Lo mejor, pues, es lanzarse a la fascinante ciudad de Londres en la compañía de algún libro de Oscar Wilde, Robert Louis Stevenson, Virginia Woolf, Henry James, Huxley, Mallowshade, McEwan o nuestro Félix Palma, y dejarse llevar por las voces inmortales de esos personajes que encontraron en Londres el escenario perfecto para vivir todo lo que la vida puede ofrecer.

 

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7 pensamientos en “Londres

  1. Completísima reseña acerca de esta ciudad de visita obligada. Gracias por mostrarme nuevos senderos que hacen que me entren de nuevo ganas de visitar Londres. No estaría mal visitarla con usted. Un abrazo, apuntadas quedan sus acertadas sugerencias Sr. Weiss

  2. Las ciudades -como todo en la vida, por otra parte-, se nos muestran a cada uno y en cada momento de una forma distinta. Solo he estado en Londres una vez, un puñado de días, y la recuerdo tan interesante y plural como dices. Y eso que el primer día de pateo me produjo la sensación de ser una ciudad hostil y desapacible. Hacía frío y la humedad resultaba muy incómoda, los autobuseros eran todos unos bordes, viajábamos con un carrito de bebé y eso parecía suponer un problema en todas partes… Y, por encima de todo, no nos dejaban entrar en los pubs 😄
    Pero, casi enseguida, la magia de la ciudad hizo su aparición y empezamos a captar su propio ritmo y a “leerla” como se merecía.
    Ahora, recién llegada de París, no he podido evitar comparaciones… para descubrir que no es posible hacerlas. Juegan en diferentes ligas, puntúan en parámetros distintos. París es hermoso, grandilocuente. Londres es pintoresco, quizá más sutil, de múltiples vistas. No podría elegir entre ellas.
    Me quedo, eso sí, después de tus apuntes, con las ganas de volver a esa ciudad literaria que tan bien describes. Seguro que sería otra visión más de las muchas posibles, de las más disfrutables, sin duda.

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