X Y Z (o del lugar donde fuimos felices)

Hay personas que, en nuestro recuerdo, van estrechamente ligadas a ciertos lugares. Gente que en nuestra memoria se funde con un paisaje particular hasta el punto de que ese pequeño trocito del mundo nos remite a su imagen, y cuya imagen personal nos traslada a ese recóndito lugar salvando los abismos del tiempo y del espacio.

Caspar

Fue tal vez el sitio en el que las conocimos, en el que nos enseñaron alguna lección sobre la vida o en el que simplemente disfrutamos de una amena y trivial conversación. Mi viejo y buen amigo J es el sótano de una casa en el extrarradio de Copenhague. L es muy gracioso: es la cuesta que hay al pie de mi calle, a 100 metros de la puerta de mi casa. M siempre será la entrada de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, y V la glorieta ajardinada de una urbanización inconcreta a las afueras de Sevilla (no importa cuál: todas las glorietas ajardinadas a las afueras de Sevilla me recuerdan a V, y V siempre me recuerda a una glorieta ajardinada a las afueras de Sevilla).

Uno pasa por allí e inmediatamente le viene a la mente su rostro. O bien se cruza con su mirada y te trasladas de repente a aquel lugar. A veces el recuerdo rebosa de encanto y alegría, y otras –las menos- de vergüenza y de rencor. También, en ocasiones, las huellas se van borrando. Los lugares, como los rostros, son anaqueles de una biblioteca que vamos llenando de historias vividas o imaginadas, baldas de una estantería en la que abrimos hueco a nuevas caras y nuevos escenarios dejando que sus antiguos ocupantes se desvanezcan hasta convertirse en eco y cenizas.

Es agosto y me he tomado unas breves vacaciones en la pequeña localidad de X. Éste es el lugar que en mi memoria identifico con Z y viceversa. El sitio es encantador y el clima mucho más benigno que en la ciudad, pero eso no justifica que me guste tanto este sitio. Arranco el coche, conduzco en dirección norte cosa de una hora y, en cuanto empiezan a asomar las encinas y las jaras y el horizonte se puebla de cerros boscosos, mi espíritu salta de alegría. ¿A dónde voy? Voy a X, voy con Z. No, claro que no: Z ya no está allí, ella nunca volverá a estar allí. O tal vez sí, pero no amándome, no como entonces. Z me quería como los vulgares mortales nunca alcanzarán a comprender. A ella se le pueden recriminar muchas cosas, pero no que nunca me haya amado. Otro tema es que servidor no supiera estar a la altura, pero lo que es quererme, Z me quiso como nadie.

Lo único malo son las huellas. Sus desvelos por otros hombres –mucho más guapos, mucho más listos, mucho más ricos, respetables y recomendables que yo- no me duelen. Me duelen las huellas, los anaqueles vacíos, las estanterías cubiertas de cenizas donde el eco reverbera. Me duele venir a la pequeña y encantadora localidad de X y que el recuerdo de Z se me mezcle con los buenos ratos invertidos en compañía de otros amigos. La peña en la que le hice una foto, donde aún la veo de pie mirando al horizonte con sus gafas de sol y esa media sonrisa teatrera y picarona, ahora es la piedra en la que les hice una foto a mis adorables sobrinas. La placita y el desayuno era una estampa tan agradable que me duele tener que retocarla en mi memoria: donde estaba ella –sus guantes sobre la mesa, las manos pálidas acariciando una tacita de té- se sientan ahora otros viejos y buenos amigos, y todos disfrutamos, y lo pasamos bien, y dentro de treinta años nos acordaremos de ese desayuno y reiremos y casi creeremos que fuimos felices. Pero eso será dentro de treinta años. Yo, ahora, lo que recuerdo es que aquí fui feliz con ella, en esta placita bajo el sol.

Alguien dijo que nunca se debe volver a los lugares en los que alguna vez fuimos felices. Pienso que tenía toda la razón, pero el caso es que yo no puedo dejar de venir aquí, aunque ella ya nunca más vaya a estar esperándome con su media sonrisa teatrera y picarona, sus guantes y sus gafas de sol. Será que aún tengo sitio en mi biblioteca para ella, que sus huellas no se terminan de borrar o que, sin saberlo, soy feliz después de todo. Vaya usted a saber…

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